El Lado Asesino de la Luna

"El corazón es un cazador solitario"

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Ella contempla las imágenes con el alma empañada, respira el caos de la certera desolación que dispara el éxtasis de la seducción visual. Hace tiempo recorrió una extensión del infierno, sabe que es un paisaje atravesado por espejos. Un ouroboro agobiante de visiones destructivas, que reproduce el momento exacto donde se congela el recuerdo del abismo personal. La intima derrota, donde la inocencia es violada. Luego, los anhelos de pequeña se funden con el deseo y las llagas comienzan a brotar de su piel, marcando un mapa de estigmas sagrados que relata su historia. Ella observa con la resignación y la impotencia de saberse dañada, todos los juegos de los que nunca supo participar. Todos los juegos que tarde o temprano la iban a alcanzar, porque nadie escapa.
De niña soñaba con la libertad, con que el cuerpo no sea una jaula forjada por manos crueles y manchadas, regidas por pulsiones siniestras. Todo se dehace con el paso del tiempo, que advierte la condición temida. El aire esparce el horror del día a día, de quienes vieron lo que hay detrás de cada sonrisa, de cada caricia, de cada palabra consagrada a la mentira.
La persecución de la verdad es una condena difícil de soportar, pero al vencer el límite prohibido, comienza a rastrear y pulir cada señal que reconstruye sospechas autodestructivas de forma narcótica, abasteciendo el depósito de sádicas obsesiones.
No habrá vivido todo aún, pero su imaginación en ocaciones suele ser más cruda que la realidad, los espejismos proyectan todos los fantasmas que jamás hubiese querido encontrar, los escenarios se suspenden en el tiempo y las pesadillas recapitulan las atmosferas confusas de la niñez: (…) Que se conjugan con construcciones de fortalezas a destiempo que el capricho humano se ensaño en destruir por aburrimiento. Ese es el curso natural de las cosas, la violencia y el desapego, la desidia. Lo efímero despliega su reino en pos del hedonismo vacio. Las vorágines del deseo sin sentido penetran sus garras y despedazan los tejidos del cariño. Letargo infinito. Los círculos se rompen en consumaciones fisiológicas, la locura es inminente y el olvido desgarrador: El encierro la encuentra en una habitación llena de fotografías de lo que nunca serán, haciendo el amor a oscuras con fantasmas perversos y acabando en lágrimas. Dándole play a la lista de reproducción del infierno, donde están los chistidos libidinosos de los seres malignos de la infancia, las risas histéricas de las chicas de las que todos se enamoran y al final, su voz, diciéndole todo lo que siempre quiso oír y eran mentiras.

Y como premio consuelo, la salvación letal: las canciones más tristes que han evolucionado hacia el silencio…

No solo el informe del clima presagia la tormenta.

Ven a mí, ahora que nadie nos ve, ahora que lo verde de este maléfico jardín entró en la austeridad anónima de una noche de verano. Ven a mí: si vienes, las estrellas seguirán siéndolo, la luna no se cambiará con colores ultrajantes ni habrá metamorfosis dañinas. Nadie verá que tú vienes a mí. Ni siquiera yo, pues yo ya estoy muy lejos, yo ya estoy en otro mundo, amándote con una furia que no imaginas. Ven a mí si quieres salvarte de mi locura y de mi rabia, ten piedad de ti y ven a mí. Nadie lo sabrá, ni siquiera yo, pues yo estoy vagando por las calles de otra ciudad, vestida de mendiga vieja, acoplando tus nombres a canciones obscuras que son como puñales para fijar mi delirio. Mi sangre, mi sexo, mi sagrada manía de creerme yo, mi porvenir inmutable, mi pasado que viene, mi atrio donde muero cada noche. Oh ven, nada ni nadie lo sabrán nunca. Aun cuando yo no lo quiera ven. Aun cuando yo te odio y te abandone, ven y tómame a la fuerza…

Alejandra Pizarnik

No es el primer amor el que mata, es el último. 

No es el primer amor el que mata, es el último. 

Las ideas se retuercen, les fascina ser fugitivas, escabullirse en cada rincón de la habitación. La casa es silenciosa en apariencias, pero eso no es mas que un espejismo paralelo. Se escucha un cascabel histérico que fue puesto en el cuello de un animalito para ser reconocido en la oscuridad y afuera ese sonido del ambiente que solo se oye a la madrugada, cuando todo baja, la quietud interrumpida por el ladrido de algún perro callejero.
Entonces las ideas siguen jugando, seduciendo vilmente: “me veras, me encontraras, la madrugada arde en tus manos” una puerta, dos puertas, tres puertas, golpes, el chillido caprichosamente siniestro de las bisagras, los pasos de una habitación a la otra. El silencio era una mentira, siempre lo fué, te juega a la escondida enloqueciéndote. El click del interruptor se potencia. Shhk, el cierre que se baja de un movimiento seco, el líquido cae junto a las goteras que encienden el canto de cisternas.
Dan vueltas, damos vueltas, esto va muy rápido y todo se golpea. Ellas siguen jugando, coqueteando: “nunca me tendrás” o “atrápame si puedes, hazme tuya
Un reflejo ilumina las manos apretando la cara, contrastes violentos, de luces y sobras duras. Apenas la visión se escapa entre los dedos, que se transforman en persianas americanas como queriendo ver lo que no se quiere ver, lo ves o no lo ves. Aun así, todo se distorsiona, nos absorbe el vórtice descendiendo en una parábola atemporal hacia el constante Déjà vu.
Persianas americanas en las alturas, y dentro la conciencia maniatada, cautiva de la nostalgia, atravesada por los designios de tiempo y el orden de los sucesos. Aferramos fuerte los artificios con los cuales congelamos una existencia marchita. Pero todo se fracciona, se sacude, el temblor desprende lo velos de la fantasía y revela el presagio del horror. Lo ví todo: seremos carne desperdiciada entre escombros.
Y ahí, acaba. O comienza la repetición, el eterno retorno a un estado previo donde había “algo” en lugar de asolación. Limbo indefinido. El instante exacto donde corremos desesperadamente hacia la casa que ya no está, buscando al muerto que no volverá. La pesadilla en que estas desnudo queriendo escapar y los pies no te dan, maldita cámara lenta, te están alcanzando y gritas pero no te sale la voz “Donde estas, por favor, donde estás
Luego, despertar apenas con el corazón sangrando y susurrando “Abrazame” , mirar alrededor y pensar: “Donde estas, por favor, donde estás”… Ouroboros.

El reloj marca las horas sin piedad pero, quien escribe esta historia? Y quienes o que vamos a ser? El nudo de la horca que el peso del azar desata para dejarnos caer o el acertijo sagrado que se resuelve en la última página del libro que nunca terminamos de leer.



Me entrego sin tristeza a ese rumor amargo
en el que el miedo agita con ira sus metales,
y, habitante de un mundo de muerte y transparencia,
obligo a mi mirada a vagar por un cuerpo.
Con urgencia golpeo sobre las decisiones
de un mar que no conozco, de un dolor que introduce
su noticia de sal en la herida reciente.
He abandonado el barro, la arcilla conocida,
para vivir al borde de un peligro que amo,
para buscar las manos que sostengan mi rostro
sobre el silencio neutro de las profundidades.
Parpadea un color, un informe lejano,
una constelación de sabores marchitos,
y una materia oscura, casi vencida, escucha
el vasto movimiento de un corazón insomne.

Se aproxima la noche.
                                      Desaparece el rastro
que trazaron mis labios sobre la dulce piel
de un tiempo que latía.
                                       Una piedra señala
el origen concreto de un orden sacudido.
y una mínima lumbre, una gota encendida,
encuentra al fin su lecho, su destino en la espuma.

La espera es una angustia que fluye lentamente.
Mis ojos amanecen enfrente de un deseo.
Ahora puedo gritar: un círculo de vidrio
observa los caminos que el sol abre en el agua.

-eloy sanchez rosillo

Duele sabernos un poco más vacios que ayer
incluso las palabras se disipan en la espesura del tiempo.

Recorremos la anatomía del deseo con descuido,
sin anticipar el descenso del placer,
profanando en nuestros cuerpos
los altares donde se celebran las liturgias del afán,
ignorando aquello que se repite en las plegarias
de los amantes olvidados a un Dios olvidado.

Luego, esquivamos el respeto por lo sagrado
para ver quién gana primero la batalla
con esas mentiras seductoras,
que son más peligrosas que las armas:

“Mi Valkiria olvidada,
antes de que me entregues
Desnudate,
Despojate de tus armaduras
Para que pueda hacerte el amor sobre ellas
y la sangre derramada
de tu himen y mi carne
destruida por los fantasmas
de una guerra perdida…”

Lentamente te desnuda para que te recuestes en la tundra
y sientas como miles de agujas penetran tu piel
en ese ritual de iniciación perverso, donde el frio entra en tu ser
congelándote la pasión y friccionando la intimidad,
para fundirse en los rincones de la memoria
y simplemente, desaparecer.

Mi pecado Original,
la impunidad de lo efímero, nos liquidó…

At least let me sleep through the winter.

El frio en todo su espectro, hace lo suyo…

I can’t control my feelings if I tried.

There was nothing to fear and nothing to doubt.

There was nothing to fear and nothing to doubt.

"…Los niños perdidos se dejan llevar por el viento de la mañana pero no es cierto si no lo sentís, la cámara sabe, anticipa la trayectoria de nuestra suerte…" escribiò.

"No es cierto si no lo sentis" … tiene razòn

Las borracheras -no es cierto si no lo sentìs.
los cuerpos ajenos -no es cierto si no lo sentìs.
el deseo -no es cierto si no lo sentìs.
el placer -no es cierto si no lo sentìs.
la locura -no es cierto si no lo sentìs.
el control -no es cierto si no lo sentìs.
la diversiòn -no es cierto si no lo sentìs.
el sentimiento -no es cierto si no lo sentìs.
la libertad -no es cierto si no lo sentìs.
el olvido -no es cierto si no lo sentìs.

la sensaciòn de estar viviendo -no es cierto si no…

entonces le digo que vivimos en un mundo de fantasìa, por que no paramos de mentirnos, por que ya nadie siente enrealidad. Pero el tampoco me puede escuchar… por que en general vivimos en un mundo de fantasias aisladas entre sì.

Y mis palabras se volvieron invisibles…

Las yemas de mis dedos emanan el delirio, las imágenes proyectadas en claroscuro se yuxtaponen al brillo de la electroluminescencia. En este sueño de ojos abiertos, lentamente nos enredamos entre el juego de sombras duras que disparan mis manos mientras abrazamos quimeras.

Sé que pronto va a amanecer, pero la luz no va a disolver esta sombra.